Viviendo en el «ya casi, pero todavía»
Algo mejor que «¡Feliz Año Nuevo!»
Es probable que antes de decidir si vas a leer este texto, primero hayas mirado qué tan largo es. Te ahorraré el scroll: sí, es largo. También es posible que lo hayas abierto mientras estás en medio de mil cosas, preguntándote si podrás extraer lo más importante rápidamente.
Si ese es tu caso, no pasa nada. Entrega tu atención donde realmente se requiere. Puedes programar un recordatorio para leer este correo en otro momento. Te estaré esperando. :)
Si sigues aquí, entonces déjame decirte: gracias. Me alegra poder conectar contigo de esta manera, sin la prisa ni el ruido de las redes sociales. Considera esto como un cafecito virtual, donde nos sentamos a conversar sin apuro. ¿Aceptas?
Todavía estamos en ese momento del año en el que algunos se preguntan si ya no se vale decir «¡Feliz Año Nuevo!». Pero más allá de una frase, hay una verdad que sigue siendo nueva cada día, aun cuando la novedad del Año Nuevo se desvanece: las misericordias de Dios.
Este es mi deseo para ti al comenzar este año: que tu esperanza no repose en resoluciones frágiles ni en expectativas inciertas, sino en la seguridad de la bondad y la fidelidad de Dios.
«Esto traigo a mi corazón,
por esto tengo esperanza:
que las misericordias del Señor jamás terminan,
pues nunca fallan Sus bondades;
son nuevas cada mañana;
¡grande es Tu fidelidad!»
(Lamentaciones 3:21-23)
Viviendo en el «ya casi, pero todavía»
Tenía toda la intención de escribir estas líneas en la última semana del año pasado. Pero, siendo honesta, esos días se sintieron como un paréntesis extraño. Días en los que uno deja de saber qué fecha es, en los que el tiempo parece suspendido. Todos en modo descanso, entre comida recalentada y actividades familiares.
Días de transición. Días de espera.
Hubo un momento, mientras trataba de asimilar que ya tenía que empezar a cocinar para la cena de Año Nuevo, en el que pensé en una realidad que define profundamente nuestra vida como creyentes: vivimos en el «ya casi, pero todavía».
Hace apenas unas semanas celebramos que Jesús se manifestó trayendo salvación al encarnarse como hombre. Él vivió la vida perfecta que nosotros no podíamos vivir, se entregó en sacrificio en nuestro lugar y resucitó victorioso. Hemos recibido la gracia de la salvación.
Pero todavía estamos esperando otra manifestación.
Somos redimidos y ya casi nuestro Salvador regresará para restaurar todas las cosas y hacerlas nuevas.
Pero todavía estamos aquí, esperando.
Y en este tiempo intermedio, en esta espera cargada de promesas, surge una pregunta inevitable: ¿cómo esperamos?
Definitivamente no como alguien de vacaciones, con licencia para dormir de más y vivir sin dirección. Todo lo contrario.
Esperamos con esperanza.
El apóstol Pablo describe este «ya casi, pero todavía» de manera magistral en Tito 2:11-13. Te invito a leerlo con atención. Trata de identificar la primera y la segunda manifestación de Cristo, y luego observa cómo Pablo describe la manera en que debemos vivir mientras esperamos:
«Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres (en la persona de Cristo), enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a vivir en este mundo de manera sobria, justa y piadosa, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús.»
(Tito 2:11–14, énfasis añadido)
La forma en la que vivimos en este tiempo intermedio no es neutral. Todo lo contrario. Vivimos siendo entrenadas en la escuela de la gracia de Dios.
No es dar rienda suelta a nuestras pasiones ni poner la conciencia en automático. Tampoco es una vida de esfuerzo moral vacío. Todo lo contrario: es saborear el favor inmerecido de Dios y, desde allí, aprender a decir «no» a la impiedad y «sí» a la piedad.
Tal vez esto suene bonito en teoría, pero difícil de aterrizar en la vida real. Me encanta que en estos versos podamos encontrar la motivación y el combustible para vivir de esta manera: Pablo no solo nos dice qué hacer, sino cómo hacerlo.
Miramos hacia atrás, contemplando la manifestación de la gracia en la persona y la obra de Cristo, y miramos hacia adelante, con la esperanza firme de Su regreso glorioso.
Entonces, ¿cómo digo «sí» a la piedad hoy?
Contemplando el milagro de la redención y viviendo de acuerdo con la nueva vida que Él me ha otorgado. Desechando los pecados que pertenecen a mi vieja naturaleza y obedeciendo por fe. Creyendo, aunque a veces vaya contra lo que siento, que la satisfacción que Cristo ofrece no se compara con el placer momentáneo y engañoso del pecado.
Hay algo que me cautiva profundamente de este pasaje: Cristo se manifestó trayendo salvación y volverá a manifestarse en gloria. Pero en medio de esas dos manifestaciones, nosotros somos llamados a ser la manifestación de la gracia de Dios.
Eso sucede en lo cotidiano.
Cuando tengo que ocuparme de la cocina y mi corazón se siente cansado o desanimado, la gracia me recuerda que es a Cristo a quien sirvo. El mismo que me sirvió hasta la muerte y me dio vida. Mejor aún: el Rey que volverá para hacerme como Él.
Ahí sucede el milagro. La gracia de Dios me capacita para servir con gozo, con mi esperanza en el lugar correcto.
Cuando me niego a mí misma para decir «no» al pecado, la gracia me recuerda que Cristo es digno de mi obediencia y que Su gozo no se compara con el placer efímero del pecado. Allí creo por fe que la obediencia es un acto de adoración donde se esconde la verdadera satisfacción.
Y otro milagro sucede: encuentro plenitud en Cristo.
Cuando la injusticia parece prevalecer y el mundo se siente irremediablemente roto, la gracia me recuerda que Cristo volverá como Juez justo y Rey soberano. En ese momento ocurre un reemplazo de esperanza. La quito de este mundo y la coloco en la certeza de Su regreso. ¡Aleluya!
La gracia de Dios nos entrena en este «ya casi, pero todavía» para que seamos la manifestación de Su gracia a un mundo sediento de Cristo. Y ese mundo comienza, muchas veces, con esos ojitos que nos observan y nos siguen dentro de nuestro propio hogar.
Esa es mi oración para este año 2026.
Quiero ser entrenada en la escuela de la gracia.
Anhelo crecer en mi asombro por Cristo y Su obra en mi lugar.
Deseo perseverar con mi esperanza firmemente anclada en Su regreso glorioso.
¿Te anotas tú también en la escuela de la gracia?
Si deseas profundizar más, te comparto un video con una enseñanza en dos partes sobre este pasaje: Entrenadas por la gracia. Y si prefieres algo más conciso, aquí encontrarás una versión más corta que compartí en mi iglesia local: Cómo la gracia de Dios nos capacita para glorificar a Dios.
MOTIVOS DE ORACION
Nuestra iglesia local necesita un lugar donde reunirse. Actualmente estamos usando la cancha de baloncesto de First Irving, pero es una locación provisional y tenemos que montar y desmontar todo cada semana.
Necesitamos aliados que nos apoyen financieramente en las iniciativas ministeriales del 2026. Si tú eres una respuesta a esta oración, únete a Patreon aquí o escríbenos un mensaje directo.
Por el lanzamiento del libro «Atesora a Cristo» en el otoño. Que el Señor use este recurso para transformar a las mujeres al contemplar Su gloria en lo cotidiano.
Por el lanzamiento del libro «Soy Niño», escrito por Moisés. Este es el hermano del libro «Soy Niña». :) Estamos muy emocionados y expectantes por compartir este segundo recurso acerca del diseño de Dios, en esta ocasión enfocado en la masculinidad bíblica.
Finalmente, necesitamos seguir siendo entrenados en la gracia para ser fieles en lo que Dios nos ha encomendado, iniciando en nuestro hogar, iglesia local y hasta donde Él nos lleve.